jueves, 29 de noviembre de 2012

El amor en el cine


cineyamorWoody Allen: Hannah y sus hermanas
Un hombre está en una esquina cualquiera y parece esperar ansiosamente por algo o alguien. Mira obsesivamente hacia el otro lado de la calle. Es un tipo de edad madura, de lentes de carey y sobretodo color beige… podría decirse que tiene la imagen de un ejecutivo o un comisionista de Wall Street, pero no de un enamorado. De repente sale una mujer de un edificio. Él no le quita los ojos de encima; empieza a correr y gira en la esquina. De repente vuelve a doblar la calle y avanza hasta llegar a un sitio determinado de forma deliberada, justamente, cuando la mujer esta acabando de doblar la misma esquina. Ella lo reconoce y le saluda amablemente.

―¡Hola, es una sorpresa encontrarte por aquí! ¿Hacia donde vas?
―Estoy buscando una librería ―responde él―: estaba matando tiempo, porque tengo una cita y he llegado demasiado temprano.

Conversan despreocupadamente, como lo hacen dos amigos íntimos, sin prevención. El hombre la alaba, mientras ella se queja de llevar una vida con dificultades. Entran en el local, repleto de libros por todas partes. Ella dice que es un sitio perfecto para pasar todo un día leyendo. El le invita a un café, a lo que responde ella que no tiene tiempo, se excusa. Hablan de una exposición de pinturas de Caravaggio. De pronto él se fija en un libro de poesías:

―Me gustaría comprártelo… Leí uno de sus poemas la semana pasada, y pensé en ti.
―Sí ―dice ella― me encanta E.E Cummings.
Salen hasta la entrada de la librería, que le ha encantado a él; incluso le dice que si es posible acompañarla a una de las reuniones de Alcohólicos Anónimos, le responde que estaría encantada. Antes de separarse, él le dice que no olvide leer la página 112, el poema, siempre consigue recordársela.

Poema de E. Cummings

En un lugar en el que nunca he estado, felizmente más allá
de cualquier experiencia, tus ojos tienen su silencio:
en tu gesto más frágil están las cosas que me cercan,
o aquellas que no puedo tocar porque están demasiado cerca

tu mirada más leve fácilmente puede descerrarme,
pese a que he cerrado mi ser como dedos,
vos me abrís siempre pétalo por pétalo, como la Primavera abre
(tocando hábilmente, misteriosamente) su primera rosa

o, si es tu voluntad cerrarme, yo y
mi vida se cerrarán muy hermosamente, repentinamente,
como cuando el centro de esta flor imagina
la nieve descendiendo cuidadosamente en todas partes

Nada de lo que podemos percibir en este mundo se compara
con el poder de tu intensa fragilidad: cuya textura
me fuerza con el color de sus tierras,
mostrando muerte y eternidad con cada respiración

(no sé que hay en vos que se cierra
y se abre; sólo que hay algo en mí que entiende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas.

Este es un fragmento de una de las películas más melancólicas de Woody Allen. El tema de las relaciones entre las personas, su manera de abordar el amor, es una descarnada visión de cómo el amor puede llevar consigo tanto dolor como alegría, esperanza y tristeza. Los personajes, igual que sucede en la vida real, se acercan y se alejan sin sabe muy bien porque razón sucede todo eso, del mismo modo en que nos pasan las cosas. Esta comedia romántica es una muestra de que no toda la visión del amor está teñida de color rosa. Es un poco realista, que sin ser dramática, es evocadora y melancólica.




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